211 años del fusilamiento del artista insurgente: José Luis Rodríguez Alconedo

La vida del orfebre y pintor poblano José Luis Rodríguez Alconedo, estuvo marcada por su vinculación con el movimiento insurgente de la independencia de México. A lo largo de su vida, logró ser un artista respetado dentro de la academia y la élite novohispana; sin embargo, su trascendencia radica en sus acciones como ciudadano insurgente que se alineó con las fuerzas de independencia. En este contexto de los primeros años de la independencia fue una etapa compleja para la sociedad novohispana, y a través de la obra artística de José Luis Rodríguez Alconedo se retrata una profunda conciencia social y política del México de principios del siglo XIX.

¿Quién fue José Luis Rodríguez Alconedo? 

José Luis Rodríguez Alconedo nació en la ciudad de Puebla de los Ángeles; sin embargo, sus primeros años los pasó en Atlixco Puebla. De acuerdo con el historiador Francisco de la Maza y gracias al hallazgo de la fe de bautismo en el Sagrario de la Catedral de Puebla, por Francisco de Salazar, se sabe que sus padres fueron José Luis Rodríguez Alconedo e Ignacia Sánchez y Rojas, quienes iniciaron al niño José Luis en el oficio de la platería. En esa misma acta con fecha de 17 de diciembre de 1780 se registra su unión matrimonial con Gertrudis de Acuña casándose en la Catedral Angelopolitana. En 1791 Alconedo y su esposa se mudan a vivir a la capital del virreinato, curiosamente en la calle denominada de Alconedo. El 20 de octubre de 1791 adquiere la licencia para ejercer el oficio de orfebre, según las ordenanzas del Gremio de San Eloy, y apertura su taller en la calle de Plateros frente a la Plaza de la Constitución. 

Su fama como artista iba en ascenso y con un retrato de Carlos IV lo llevaron a obtener ocho años después, por aceptación del maestro valenciano de la escuela neoclásica Manuel Tolsá, el título de Académico de Honor de la Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos, de la cual era profesor de grabado. Recibió entonces encargos oficiales del virrey Branciforte para llevar a cabo obras artísticas como las letras de bronce de las puertas de acceso a la Plaza de Armas en donde estaba colocada la estatua ecuestre de Carlos IV y una placa que lo representara, y para la iglesia una escena bíblica y un escudo dorado al fuego.

Alconedo conspirador

De acuerdo con el historiador Francisco de la Maza, Rodríguez Alconedo tenía ya antecedentes desde 1803 ante el Santo Oficio por criticar a la Iglesia, simpatizar con los revolucionarios franceses y con el saqueo que cometieron estos a las iglesias. En ese entonces se denunció así mismo, aceptó su culpabilidad y «confesó sus errores» por lo que fue absuelto.

En el año de 1808 organizaba tertulias en su casa en donde se hablaba de un cambio en el gobierno, esto paralelo a los acontecimientos en los que el licenciado Primo de Verdad y miembros del cabildo buscaban la independencia. Alconedo y su hermano José Ignacio fueron sorprendidos y acusados de protagonizar una conjura denunciada por el Conde de Guadalupe del Peñasco, diciendo que preparaban una insurrección de indios para después devolverles el gobierno, también se afirmó que el virrey Iturrigaray creyó ver en Alconedo un simpatizante de la causa insurgente haciéndolo partícipe de su conspiración, si bien era cierto, Alconedo lo hacía por su cuenta y riesgo como tantos otros criollos lo hacían en esa época. 

Un hecho relevante de la vida de Rodríguez Alconedo, se desarrolló a partir de la confección de una corona de oro, acontecimiento que ha pasado a la historia, cuyo simbolismo deja ver la complejidad de una época de transición. De acuerdo con sus enemigos, Alconedo, supuestamente habría forjado esta corona para que fuera portada por un indio, una afrenta para la sangre real, y en franca alusión a una independencia frente a España, así como una manifestación clara del deseo de establecer un gobierno propio. Cuestionado por el Santo Oficio acerca de su plan de coronar a los indios, pretextó que «había hablado de sublevarlos con la única intención de salvar a la Nueva España de los franceses» y la corona que según fabricaba para Iturrigaray era para una Virgen de Aguascalientes.

Por lo anterior, podemos inferir la intensidad de los intercambios informales y la vitalidad de una opinión pública que, era dominada por la Iglesia católica.

Extradición a España

Derivado de esta acusación José Luis fue preso y llevado a España, ahí permaneció dos meses preso y siete en libertad esperando su certificado para regresar a Nueva España. Durante su estancia en la península ibérica perfeccionó su técnica al pastel, la misma que sería utilizada para realizar el famoso autorretrato realizado en febrero de 1811, que nos da cuenta del rostro y la personalidad de nuestro artista, otros retratos son el de doña Teresa Hernández Moro, natural de Salamanca, pintado en Cádiz en 1810, y el retrato de dos jóvenes que se dice son los de sus hijos. Tales pinturas son aclamadas como las obras «más exquisitas brotadas de manos artísticas poblanas.» Para Francisco de la Maza y otros expertos, su autorretrato es una de las pinturas al pastel mejor realizadas del mundo y una de las obras maestras de la pintura neoclásica mexicana.

A pesar de la recomendación de un grupo de opositores, la Junta Central de Seguridad de Cádiz absuelve a los prisioneros el 25 de mayo de 1811, permitiéndole regresar a México, “amonestándoles que fuesen más cautos en sus conversaciones en orden a asuntos políticos”.

Alconedo Insurgente

Mientras tanto, Alconedo, después de su regreso a México en 1812, y a los pocos días de verse libre después de una segunda etapa en prisión, ya andaba en las huestes de Morelos, se desempeñaba como soldado y director de Obras de artillería. Francisco de la Maza nos da cuenta de su servicio altamente especializado y de su trágico final de la siguiente manera: 

“En Zacatlán fundió doce cañones, doscientos arcabuces y una culebrina…Allí fue cogido prisionero por don Luis del Águila el 25 de septiembre de 1814 y conducido a Apam por el coronel Jalón, fue fusilado el 1 de marzo de 1815, a los 54 años de edad, ya envejecido, enfermo y desilusionado.”

Conclusión

La primera vez que escuché de José Luis Rodríguez Alconedo, fue en la materia de historia del arte mexicano, en el Instituto de Artes Visuales del Estado de Puebla; sin embargo, a medida que me iba adentrando a la historia de Puebla descubrí que, además, de haber sido un gran artista también fue un pilar y pieza clave del movimiento insurgente de independencia de nuestro país. Hoy su legado artístico se resguarda en el MUNAL y en el Museo Universitario Casa de los Muñecos y espacios culturales honra su memoria, como por ejemplo la Galería José Luis Rodríguez Alconedo del Barrio del Artista ubicado en el centro histórico de Puebla. 

Referencias:

  • RAMÍREZ ROJAS, Fausto: Arte del siglo XIX en la Ciudad de México. Madrid, 1984.
  • Francisco de la Maza. «Nuevos datos sobre el artista»
  • José Luis Rodríguez Alconedo, por Francisco de la Maza
  • De la Maza, Francisco (1940). «José Luis Rodríguez Alconedo». Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM
  • Palou Pérez, Pedro Ángel (2004). Secretaría de Cultura de Puebla, ed. José Luis Rodríguez Alconedo. Planeta Mexicana
  • Márquez Montiel, Joaquín. Hombres celebres de Puebla
  • http://mundodelmuseo.com/ficha.php?id=445