¿Cómo nació el día de todos los santos y los fieles difuntos?

1 de noviembre, Día de todos los santos

En los primeros años del cristianismo se acostumbraba a celebrar el aniversario de la muerte de un santo mártir en el lugar del martirio. Generalmente, los grupos de mártires eran torturados y morían el mismo día, lo cual derivó a una celebración común. Para el año 303 de nuestra era, en la persecución de Diocleciano, el número de mártires llegó a ser tan grande, que no se podía separar un día para asignársela. Pero la Iglesia, creyendo que cada mártir debía ser venerado, señaló un día en común para todos.

Antecedentes

Se sabe que en Oriente ya se celebraba una fiesta en honor de todos los santos desde el año 359. La fecha estaba fijada en el 13 de mayo para las iglesias de Siria y el primer domingo después de Pentecostés para las de Antioquía, de acuerdo a San Juan Crisóstomo. Esta fecha, domingo de la octava de la Pascua de Pentecostés, continuó usándose entre las iglesias de rito bizantino como solemnidad de Todos los Santos.

Historia

En la Iglesia occidental, se tiene el antecedente en el templo del Panteón en Roma; este monumento, que originalmente estaba dedicado al culto de todos los dioses romanos, cayó en desuso como tal a fines del siglo IV. Hacia el año 608, el emperador de Oriente lo donó al papa Bonifacio IV, quien le dio la vocación de uso de templo catolico, dedicándola el 13 de mayo del año 610 bajo la advocación de Santa María la Rotonda. En el siglo IX el papa Gregorio IV trasladó gran número de cuerpos de mártires desde las catacumbas y volvió a consagrar la iglesia el 1 de noviembre de 835 denominándola Santa María ad Martyres.

El Panteón iglesia dedicada a Santa María y a los mártires, se estableció un lugar sagrado que permitió integrar en un mismo recinto el culto a todos los Santos, no solo los mártires y la fijación de la fecha del 1 de noviembre por el papa Gregorio IV. Por lo anterior la iglesia logró consolidar una festividad que uniera a los fieles en la veneración común de los Santos, adaptando las prácticas a los cambios en el calendario agrícola y en las necesidades de la comunidad cristiana. Esta fiesta, que antes veneraba según las regiones tradicionales locales, llegó a convertirse en una celebración universal, fortaleciendo la identidad y en particular en México el arraigo y mestizaje con las prácticas de las culturas mesoamericanas, con ritos y símbolos que hoy enriquece a la cultura mexicana.

La fiesta de Todos Los Santos refleja la evolución de la práctica cristiana de honrar a quienes dieron su vida por la fe, adaptándose a las circunstancias y necesidades de la comunidad. Desde los primeros años, la Iglesia reconoció la importancia de recordar a los mártires y a los Santos, viendo en ellos ejemplos de fe y entrega total. La celebración de un día común para venerar a Los Santos respondió tanto a un crecimiento en el número de mártires como la necesidad de organizar y centralizar el culto en tiempos de expansión del cristianismo, y con el mestizaje y sincretismo cultural la celebración del 1 de noviembre a todos los santos y el 2 de noviembre a los fieles difuntos, que honra la memoria de aquellos quienes ya han trascendido.

2 de noviembre, Día de los fieles difuntos

En los antecedentes de la tradición cristiana se tiene en cuenta en la literatura en el libro Segundo de los Macabeos cuya cita: 

«Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46). 

En los primeros años de la Cristiandad se escribían los nombres de los primeros cristianos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar. Con el paso del tiempo, en el siglo VI los monjes benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En el siglo V había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primera de Cuaresma) o antes de Pentecostés.

Probablemente derivado de los movimientos milenaristas, alrededor del año 1000, la conmemoración de los Fieles Difuntos, se trasladó el día 2 de noviembre, se popularizó y extendió por la Cristiandad occidental, hasta ser finalmente aceptada en el siglo XVI como fecha en el que la Iglesia celebraría esta fiesta.

Así el Día de los Fieles Difuntos se convirtió en un día de conmemorar y honrar la memoria de los fallecidos, con fecha establecida el 2 de noviembre cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, en el caso católico, por quienes se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

La celebración se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa. […] Por otro lado, ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. 

Por lo anterior cabe concluir que la celebración de todos santos se conmemora el 1 de noviembre, el 2 de noviembre está dedicado a la memoria de los fieles difuntos, ambas festividades de origen cristiano y el día de muertos en México es el resultado de mestizaje sincrético de cosmogonías, rituales y símbolos de diferentes culturas mesoamericanas mezcladas con la cultura cristiana, del cual podríamos aun profundizar, pero que queda para otro texto.

Impacto cultural en Puebla

  • El día 1 de noviembre cada año en la Basílica Catedral de Puebla se apertura al público la capilla de reliquias, en donde descansan fragmentos óseos de diferentes santos, entre ellos destacan los mártires, los beatos Sebastián de Aparicio y Juan de Palafox y Mendoza. Además, también se exponen otras reliquias y retablos los cuerpos relicarios de otros santos mártires.
  • El día 2 de noviembre se puede visitar la cripta de los obispos y arzobispos, la cual se ubica debajo del baldaquino de la Catedral, por lo que en este día en especial los públicos pueden visitar la última morada de los prelados de la actual arquidiócesis de Puebla.

¿Conoces las reliquias y las tumbas de los obispos en la Catedral de Puebla? Visítalo es parte de nuestras tradiciones, cultura e historia y solo ocurre los días 1 y 2 de noviembre.