Estética, Vanidad e Historia

Del Coleccionismo al Museo

Los museos de la actualidad son producto de una asombrosa evolución humana que involucra al gusto estético, la preservación histórica, el talento artístico e incluso la vanidad, una pizca de soberbia y no poco de estatus social y económico.

Aunque hoy en día puede conformarse un recinto museístico dedicado a la antigüedad más remota o la actualidad más delirante, el concepto de museo inició mediante el gusto de coleccionar, primordialmente cuadros de escenas reales o ficticias sobre personajes humanos o divinos y retratos personales o familiares de gente de alcurnia o prosapia. De tal suerte, un dignatario vanidoso u orgulloso de su ser, sus cualidades o sus proezas, mandaba crear lienzos particulares sobre algún hecho o circunstancia que deseaba inmortalizar o adquiría cuadros ya terminados sobre algún santo o escena divina o bíblica que le reconfortase el espíritu a través del goce estético.

Al tiempo, cuando ya poseía varios lienzos, es decir: una colección, el gusanillo de la vanidad aparecía y decidía mostrarlos a sus allegados, amigos o enemigos, por el puro placer de testificar las alegrías o envidias que les despertaban. Para ello, el coleccionista disponía sus cuadros en un sitio particular de su vivienda palaciega, al cual, la llaneza del lenguaje terminó conociendo como: la galería, o sea, un corredor casi siempre rectangular de cuyas paredes colgaban los tesoros de su coleccionismo. Resultó tan oportuno y eficaz el vocablo definidor del espacio que subsiste hasta la fecha, si bien con algunos resabios pleonásticos como aquel de “galería de arte”. Es probable que esta precisión de “arte” haya sido provocada por el surgimiento paralelo de los primos mundanos de los museos de arte: los museos técnicos, tecnológicos e históricos, cuyo antecedente está en las “gabinetes de curiosidades” y no en las galerías artísticas propiamente dichas.

Hoy día, la variedad de museos se ha expandido a prácticamente a todas las actividades, manufacturas, acciones, artefactos y seres vivos o muertos de la infinita variedad humana.

Como ejemplo de esto, en Puebla tenemos: museos de arte (como el Museo Taller Erasto Cortés), de artes y manufacturas artísticas (como el José Luis Bello y González), de historia (como la Casa de Alfeñique), de arte sacro (como el Ex convento de Santa Rosa), tecnológicos (como el Universitario Casa de los Muñecos) y aun cósmicos (como los De la Evolución tanto de la ciudad capital, como su vástago en Tehuacán).