El origen de febrero, el mes bisiesto y su impacto en el tiempo

El mes de febrero es conocido en la cultura popular como el mes del amor y también el mes de la preparación del carnaval y el inicio de la cuaresma con el rito del miércoles de ceniza; esto último es movible, de acuerdo a la fecha tentativa de la semana santa que puede ser entre marzo o abril de acuerdo al ciclo lunar. Febrero, es el segundo mes del calendario gregoriano y tiene varias connotaciones simbólicas, históricas y datos curiosos, que a continuación me permitiré relatar:

La etimología de febrero

Febrero proviene del latín februarius en honor a ‘Februa’, el festival romano de la purificación y fue incorporado a los Lupercales. Este era el mes de las purificaciones, en una fecha que hoy se identifica como el 15 de febrero. En su nombre podemos reconocer el verbo februo que significa ‘purificar’. Es posible que el vocablo sea de procedencia sabina, —un pueblo prerromano que habitó en la era neolítica la península itálica, entre el Tíber y los Apeninos—.

En febrero se celebraba una fiesta de purificación conocida como Lupercales o fiesta de la februa. Februa era el nombre que se daba a unas tiras de piel de macho cabrío con las que los celebrantes azotaban a la gente (sobre todo a las mujeres); este azote con un sentido ritual tenía un valor purificador; con el objetivo de propiciar la fertilidad femenina y facilitar el parto. Tras la fundación de Roma y el posterior surgimiento del Imperio romano, la urbe dominante tomó prestado el nombre de las fiestas februas para designar el mes en que estas tenían lugar: el último del año hace más de dos mil años.

Febrero y su historia en el calendario

En el siglo VIII antes de nuestra era, el calendario romano tan sólo contenía 10 meses, que en total constituían 304 días, comenzando por marzo y culminando en diciembre, señalando un periodo de invierno de 60 días que no se incluían. Sin embargo, es el legendario fundador de Roma, Rómulo, a quien se le atribuye la unificación de los numerosos calendarios que existían en la península; mediante la creación de uno nuevo, de diez meses distribuidos en un año de 304 días. Pero el calendario de Rómulo, tan diferente del año trópico, se reveló como una herramienta demasiado primitiva para un Estado que siglos más tarde despuntaría como potencia dominante. Así, hacia el año 300 a. de C., el edil Flavio creó un nuevo calendario con dos meses adicionales, que se añadieron después de december: januarius, consagrado al dios Jano, y februarius, que tomó el nombre de la antigua fiesta de purificación de los sabinos.

Este nombre, que se registra en castellano desde el año 1129, está en la mayor parte de las lenguas europeas modernas: february en inglés; février en francés y febbraio en italiano.

En la antigua tradición romana se consideraban los números impares como un signo de buena suerte, pero esa preferencia se enfrentaba a una limitación matemática inevitable: para su solución se restó un día a un mes, y el elegido fue febrero. Este es el mes más heterogéneo del año. Dura menos de 30 días y es el único que tiene una extensión variable: generalmente de 28 días, pero cada cuatro años se le suma un día más, en total 29 días gracias a la tradición y cultura romana.

De acuerdo al poeta Ovidio, en la época de Augusto recogía la tradición, «el tiempo suficiente para cumplir este año era hasta cuanto tardaba un niño en salir del vientre de su madre». Esos meses, que iban de marzo a diciembre totalizaban 304 días. Enero y febrero eran un tiempo en el limbo que se dejaba pasar hasta el inicio de la primavera. Esta historia, entre la realidad y el mito, era asumida por muchos eruditos romanos. Coetáneo de Ovidio, Plutarco relataba que en épocas remotas «los romanos contaban los meses desordenadamente y sin regla alguna, no dando a unos ni veinte días y dando a otros treinta y cinco”.

En el año 46 a.C., Julio César reformó por completo el calendario romano entonces vigente, que llevaba un desfase de varias semanas respecto al año solar, y añadió un día repetido en febrero cada cuatro años para ajustar el año humano al astronómico (una vuelta de la Tierra alrededor del sol, que se produce cada 365 días).

A partir de su cuarto año consular (45 a.C.) el dictador estableció un nuevo calendario de 365 días repartidos en 11 meses de 30 o 31 días y otro de 28. Se inspiró en el calendario solar egipcio, el más perfecto creado en el Mediterráneo, no en vano desde hacía milenios «el ciclo de las estaciones siempre aparece en la misma época para ellos», explicaba maravillado Heródoto en el siglo V a.C.

Ese calendario, “el que menos yerra acerca de esta anomalía del tiempo”, de acuerdo al historiador Plutarco, no contemplaba un 29 de febrero propiamente dicho, sino un día repetido, el sexto antes del comienzo de marzo, de ahí la denominación de bis sextus dies ante kalendas Martias («sexto día antes de las calendas [día 1] de marzo bis»), bisiesto.

Calendario gregoriano

Hace algunos siglos atrás el responsable de contabilizar el calendario y decretar este mes extraordinario era el Papa, pero la dejación de funciones y la corrupción creó desfases que llegaron a trastocar el inicio de las estaciones y las tareas agrícolas.

El calendario juliano rigió los imperios romanos y la Europa cristiana durante casi 1600 años hasta que el papa Gregorio XIII introdujo un nuevo ajuste que mejoraría la precisión del mismo y que ha llegado hasta nuestros días. La reforma del pontífice estableció que los bisiestos serían cada cuatro años, excepto los divisibles entre 100 y no divisibles entre 400. Por ello el año 1900 (no divisible entre 400) no fue bisiesto y el 2000 sí.

Al paso del tiempo, el día repetido mudó a un 29 de febrero cada cuatro años, manteniendo la denominación de bisiesto y la anomalía del mes que siempre ha tenido menos de 30 días por una superstición pagana que ahora conocemos en su origen, historia y datos curiosos.

En conclusión, el mes de febrero posee una carga simbólica, histórica, religiosa, matemática, y política en la medición del tiempo, en el cual podemos reflexionar en su nombre y en los acontecimientos que han marcado la historia de la humanidad que se desarrollaron en este segundo mes del calendario gregoriano.