El 5 de febrero día del primer santo mexicano y su martirio en Nagasaki

En México conmemoramos el día 5 de febrero por la promulgación de la Constitución mexicana de 1917, es por ello que generalmente hay puente o día de asueto en los primeros días del mes; por ese motivo fue que en el año 2023 aproveché para visitar el pueblo de Taxco Guerrero y maravillarme con la portentosa parroquia barroca de Santa Prisca, además de visitar los talleres y tiendas de la exquisita joyería en plata y otras obras del propio metal, ahí fue cuando me enteré que era día de San Felipe de Jesús primer santo mexicano y patrono de los plateros; pero ¿Qué relación hay con el primer santo mexicano y la plata? investigando descubrí que San Felipe había mostrado interés por la artesanía de la plata. Por eso, cuando Felipe fue beatificado en 1627 el gremio de los plateros lo nombró su patrón.

Continuando con la historia ahondaré que cuando se habla de santidad, a veces desconocemos los tipos de santos que existen como los santos doctores, reyes, místicos, mendicantes y mártires, etc. La palabra «mártir» proviene del latín eclesiástico «martyr», y su vez tomado del griego μάρτυς, μαρτυρος [martyr, martyros] que significa «testigo». El concepto cristiano es que un mártir seguía dando testimonio de su fe aun cuando su cuerpo era torturado. En los primeros siglos del cristianismo proliferaron los santos mártires en pro defensa de su fe, aunque esto nos es cronológico los mártires han estado presentes a lo largo de la historia hasta todavía el siglo XX, por ejemplo, San José Sánchez del Rio el niño mexicano mártir de la Guerra Cristera, cuya fiesta en su honor es el próximo 10 de febrero.

San Felipe nació el 1 de mayo de 1572 en la ciudad de México Nueva España, aunque existe la posibilidad que haya nacido a bordo de la embarcación en la cual venían sus padres de España a América, fue bautizado con el nombre de Felipe de las Casas. Sus padres eran españoles el señor Alonso de las Casas originario de Illescas y Antonia Martín oriunda de Sevilla.

De la vida del primer santo mexicano se dice que en su infancia era inquieto y travieso. Una leyenda cuenta que había en su casa una higuera marchita y que en cierta ocasión su nana, cansada de las travesuras del niño, dijo «¿Felipillo santo? Sí, cuando la higuera reverdezca, cuando la higuera reverdezca.» Así, el día de la muerte de Felipe, la higuera reverdeció. Por esta razón, además de las lanzas, otro de sus atributos en las representaciones iconográficas es el higo. Curiosamente y de acuerdo a la tradición; cuando Felipe era crucificado, casi al mismo tiempo en Ciudad de México, la higuera de la casa de sus padres empezó a reverdecer, demostrando que Felipe era santo. Se dice que la nana cuando salió al patio y se dio cuenta de que la higuera tenía nuevos brotes exclamó: “¡Felipillo es santo, Felipillo es santo!”.

Como dato interesante el padre Xavier Escalada, S.J., admirador de México y su historia, aseguró que la casa de los padres de san Felipe de Jesús fue destruida por el modernismo de la ciudad y su urbanismo, pero la higuera que aún seguía viva después de 400 años, fue trasplantada y propagaron varios hijuelos en diferentes lugares entre ellos una está en la ESIME del IPN (Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional), uno más se encuentra en uno de los jardines centrales de la Universidad popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), plantado el 5 de febrero de 1997 al conmemorarse los 400 años de su martirio.

En la Hagiografía de Felipe se sabe que siendo joven ingresó al noviciado franciscano, el cual abandonó. Por lo anterior su padre lo envió a Manila en Filipinas, para que se dedicara al comercio. Fue ahí en donde encontró una vida mundana que lo deslumbró, sin embargo, al poco tiempo reconsideró su vocación y regresó con los hermanos franciscanos de Manila. Posterior y ante el ofrecimiento de terminar sus estudios en México para ordenarse sacerdote, Felipe se embarcó con otros frailes, pero una tormenta desvió la embarcación hacia Japón, donde los frailes franciscanos se dedicaron a realizar misión, que en un principio tuvo mucho éxito, pero al poco tiempo se desencadenó la persecución de Toyotomi Hideyoshi “Taikōsama” contra los cristianos.

Felipe, que aún no había sido ordenado sacerdote, pudo haber evitado los tormentos y la prisión, pero decidió libremente por la misma suerte que corrieron los misioneros. Aun así, tuvo tiempo de escribir su carta de despedida previo a su martirio, la cual diceː

Nagasaki, Japón, 4 de febrero de 1597

Queridos padres y amigos:

La noche pasa rápida. Mañana moriré ejecutado en la cruz, pero no tengo miedo.

Mi pensamiento vuela hacia ustedes y a mi Patria querida.

Ahora que estoy para recibir el bautismo de sangre, recuerdo que fui bautizado en la Catedral de México, y las veces que asistí a misa en San Francisco de Plateros.

Lamento los años que perdí buscando mis apetitos, egoísta y disipado. Bendito sea Dios que vino en mi ayuda y comprendí que no valía la pena vivir para eso. Quise ser misionero, pero ahora Dios me premia antes del trabajo, concediéndome dar mi vida para probar mi amor.

Lamento no haber vuelto a México, aun cuando apenas fuese un día; pero volveré. Estoy cierto de que volveré para decirles a todos, que la verdadera vida por la que vale la pena vivir, es la vida eterna.

Paz y Bien.

Fray Felipe de Jesús

Al final los veintiséis mártires fueron llevados en procesión por varias ciudades, de Kioto a Nagasaki, para ser humillados y burlados. Su martirio consistió en cortarles una oreja a cada uno y en la colina Nishizaka, 6 franciscanos (de la primera y tercera orden), 3 jesuitas y 17 laicos japoneses, fueron colgados en cruces. En ese momento Felipe repetía durante su agonía «Jesús, Jesús, Jesús». Ante el escenario que se ahogaba debido a la argolla en que se encontraba prisionero su cuello, los soldados lo atravesaron con dos lanzas en los costados, de las cuales una atravesó su corazón. Y así fue que murió mártir el 5 de febrero de 1597 el primer santo mexicano.

Fue beatificado, junto con sus compañeros en 14 de septiembre de 1627 y canonizado el 8 de junio de 1862 por el Papa Pio IX, convirtiéndose en el primer mexicano canonizado como santo.

Sin duda una vida interesante de un novohispano con arraigo y amor a su patria mexicana, que se popularizó en los siglos posteriores para solicitar su patronazgo e intercesión, modelo de santidad e inspiración en las artes y su trascendencia en la cultura mexicana que vale la pena recordar en vísperas de su festividad.