Diego Abraján Asiento C2
Hombre Lobo
Después de Nosferatu (Robbert Eggers, 2024), el cine de terror regresa a las salas este inicio de año con el enemigo natural de los vampiros: El Hombre Lobo, esta vez de la mano de Leigh Whannell (La Noche del Demonio, 2010, Upgrade, 2018; Saw, 2004). Después de su renovada y moderna visión de El Hombre Invisible, 2020, Leigh lo hace de nuevo con el clásico mito del hombre lobo.
En esta nueva iteración del clásico licántropo, se hace hincapié en la parte del HOMBRE, juego que se acentúa en el título en inglés “Wolf Man”, cuando generalmente se usa “Werewolf” para referirse a los hombres lobo.
En Hombre Lobo, seguimos la historia de Charlotte, Blake y su hija, Ginger, una familia que el padre, Blake, formó lejos de su propio papá, a quien conocemos brevemente durante el inicio de la película y logramos ver su intensa preocupación por la seguridad de su hijo, rayando en una relación agresiva.

Tras un periodo de desaparición, el papá de Blake es oficialmente dado por muerto. Después de discutir con su esposa, Blake decide emprender un viaje familiar a la casa de su infancia. Su objetivo es guardar las pertenencias de su padre y despedirse.
Lo que estaba pensado como un tranquilo retiro de la ciudad termina por convertirse en una noche intensa para la familia cuando, después de un accidente vial, son acosados por una bestia que termina por rasguñar y contagiar a Blake, dejando la supervivencia de la familia en manos de Charlotte.
La visión de Leigh retrata al hombre lobo y la licantropía como una infección, un virus que muta y transforma al anfitrión, convirtiéndolo en una bestia y, al mismo tiempo, en un prisionero dentro de su propio cuerpo, sucumbiendo así al mero instinto de propagar la infección y de alimentarse.
El cine de terror parece seguir ciertos estándares que se están consolidando en los últimos años. Sin embargo, este género también respeta sus orígenes y funciona como un retrato de lo que nos afecta y atemoriza como sociedad. En años recientes, los virus han sido uno de estos temas centrales. Al mismo tiempo, el terror es un vehículo para abordar y criticar temas más complejos. Por ejemplo, las relaciones familiares en esta película, Hombre Lobo, las relaciones románticas y los roles de género en Midsommar (Ari Aster, 2019) o los estándares inalcanzables de belleza en La Sustancia (Coralie Fargeat,2024).
Hombre Lobo tiene algo que ofrecer para casi todos los públicos. Es un drama familiar, en donde la relación entre madre e hija se ve afectada por la constante carga de trabajo que tiene Charlotte y cómo esto se refleja en una estrecha relación entre Blake y Ginger, que parece poner celosa a Charlotte. Es una película de terror clásico de monstruos, cuando la familia es perseguida y acosada por el primer hombre lobo, la lenta transformación de Blake y su eventual papel como la nueva amenaza; una película de horror corporal durante la eterna y agonizante transformación de Blake en una bestia incapaz de comunicarse.
En una nota más crítica, el tiempo en pantalla de los hombres lobo puede ser algo escaso para quienes asisten esperando ver a la bestia, algo a lo que otras películas nos han ido acostumbrando a lo largo de los años. Quienes se hayan vuelto fanáticos de estas criaturas por su constante protagonismo y comúnmente extenso tiempo en pantalla en otras películas, no encontrarán eso en Hombre Lobo.

Sin embargo, el poco tiempo en pantalla del hombre lobo vale por completo la pena.
El diseño del hombre lobo se aleja del ya clásico lobo gigante en dos patas, la transformación de Blake en hombre lobo funciona gracias al trabajo de maquillaje y prostéticos que convierten por completo al actor, Christopher Abbott, en un monstruo, además del maravilloso diseño sonoro que nos sumerge en esta transformación, mostrándonos un aspecto poco explorado de los hombres lobo en cualquier medio: el oído.
Hombre Lobo destaca en el ambiente y en presentar el punto de vista de los personajes. Tras ser contagiado, Blake comienza a cambiar lentamente. Uno de los primeros cambios en ser notados es su oído, el cual se vuelve mucho más agudo y sigue evolucionando hasta el punto de no poder entender lo que dice su familia, pero siendo capaz de escuchar hasta el más pequeño movimiento. Este cambio de perspectivas es un juego constante en la película, entre Blake y Charlotte, comenzando por este apartado sonoro y trasladándose también al visual, particularmente en la iluminación.
El segundo punto por criticar es algo difícil, pues es un aspecto que puede molestar a parte del público, pero al mismo tiempo es un recurso narrativo bien justificado. La película es oscura, literalmente. Es difícil ver los espacios donde se desarrolla en varios momentos, pero esto es, de nuevo, un asunto de perspectiva. Cuando seguimos a Charlotte y Ginger, es cuando se vuelve difícil ver alrededor: apenas podemos distinguir el espacio gracias a la escasa luz de linternas, lámparas y de la luna. Pero cuando la cámara nos permite ver la perspectiva de Blake, quien ahora es un hombre lobo, podemos ver todo tan claro como si fuera de día, y esto se traduce en lo fácil que la bestia le sigue el paso a su familia.
Aún teniendo en mente que es un recurso narrativo bien justificado, puede afectar a la visualización de la película. En estas secuencias es complicado para el espectador ubicarse espacialmente, seguir las acciones de los personajes y sobre todo, tener una idea clara de qué está pasando.

Finalmente, hay que aplaudir las actuaciones. No solo es una historia tan bien planeada y estructurada que se cuenta de manera maravillosa con solo cinco personajes, sino que el trabajo actoral de los estelares es espléndido.
Christopher Abbott es una de las partes más fuertes del elenco. No solo es convincente como padre y esposo, sino que su interpretación del hombre lobo y la transición que sufre Blake es aterradora. Transmite con gran facilidad la amenaza que puede llegar a ser la bestia, pero también el dolor que siente el personaje al convertirse en el monstruo.
Matilda Firth, quien interpreta a Ginger, hace un buen trabajo y refleja una gran química con ambos padres, pero principalmente, por la naturaleza de la historia, con Blake. La joven actriz vuelve muy sencillo, con su interpretación, preocuparse por Blake y sentirse vulnerable cada vez que el hombre lobo está presente.
Por último, Julia Garner es espectacular. Su papel puede parecer sencillo, pero realmente tiene un gran peso emocional que se ve reflejado en cada una de sus escenas: cuando Blake la visita saliendo del trabajo, cuando escucha a Ginger buscar refugio y protección en los brazos de su padre, cuando le explica a su hija que abandonó a su papá para salvarla a ella, cuando pide ayuda por radio porque Blake ya no es él mismo, cuando se planta frente al hombre lobo y lo ataca para distraerlo de su hija. Cada expresión de Julia es tan sutil, pero al mismo tiempo tan expresiva, que se roba por completo cada escena. El único error de esta película es no darle más close-ups a Julia Garner.
Si son fanáticos de los hombres lobo, de los dramas familiares, de las buenas actuaciones, de las películas bien pensadas, del buen diseño sonoro, de los recursos narrativos usados de manera inteligente o solo quieren ir al cine, Hombre Lobo es una visita obligada a las salas.





