En el México contemporáneo se tiene por tradición la reunión entre amigos y familiares para la partición de la rosca de reyes el día 6 de enero día de la Epifanía adoración de los magos a Cristo, que de acuerdo a la tradición quien obtenga en el interior de su rebanada la figura del niño Jesús le corresponde proporcionar los tamales y el atole el 2 de febrero; pero a todo esto ¿de dónde viene esta tradición? ¿Qué significa Candelaria? ¿Es una tradición netamente mexicana?, el tema es profundo e interesante, así que comenzaremos por los antecedentes de esta tradición.
De acuerdo al calendario litúrgico de la Iglesia Católica, se estableció en el siglo IV de nuestra era el día 25 de diciembre como el día de la natividad o nacimiento de Cristo, por tanto y de cuerdo a la tradición judía hace dos mil años, la Ley de Moisés, en el Vaikrá se instruye que las mujeres a los 40 días del alumbramiento tenían que ir al templo para “purificarse” y dar gracias a Dios con una paloma. Por lo anterior si se toma de referencia el 25 de diciembre, el día 2 de febrero se cumplen exactamente 40 días por lo que la tradición marca esta fecha como la purificación de la Virgen María y la presentación del infante Jesús en el templo, que al paso del tiempo en vez de paloma se adoptó el empleo de velas o candelas por lo que se adoptó el termino Candelaria por la luz de las velas y su significado profundo, ya que las candelas evocan “la iluminación del mundo por el Salvador que es Cristo”.
De acuerdo con el evangelio de San Lucas (Lc. 2,22-40) vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, también era traductor de la Biblia del hebreo al griego, y dudó traducir la palabra «Virgen» tal cual, pues él creía que lo correcto era poner «mujer». En ese instante recibió una revelación divina en la que se le indicaba que no debía cambiar el significado de la Virgen y también que no moriría hasta ver al niño Dios; conducido por el Espíritu Santo fue al templo al mismo tiempo que María y José, tomó al niño y exclamó:
“Ahora, Señor, según Tu promesa, puedes dejar a Tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a Tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos; Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.
Biblia Reina Valera 1960.
Tomando en consideración las palabras del anciano Simeón, que llama a Jesucristo “Luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2, 28-32), la religión católica lleva a cabo la misa del 2 de febrero con la bendición de velas encendidas con las que los fieles entran en procesión y la bendición de los niños dios, en rememoración como lo hicieron la virgen y San José; pero ¿Cuál es el origen de la tradición y sus antecedentes paganos?
En la antigua Roma, se llevaban a cabo a principios del mes de febrero las fiestas lupercales o lupercalia, su etimología deriva de lupus, por el lobo, animal que representa al dios Fauno, que tomó el sobrenombre de Luperco, y de hircus, por el macho cabrío, un animal impuro. Cada año, se elegía de entre los miembros más ilustres de la ciudad, a una congregación especial de sacerdotes, es decir, «amigos del lobo», que debían contar en una edad de adolescencia; durante el tiempo de su iniciación en la edad adulta sobrevivían de la caza y el merodeo en el bosque. Era entonces un tiempo sagrado y transitorio en que se comportaban como lobos humanos. Se reunían el 14 de febrero en una gruta llamada Ruminal, en honor a Rómulo y Remo, del monte Palatino, la colina central en donde, según la tradición, se fundó Roma y fue en este lugar donde el Fauno Luperco, tomando la forma de una loba, Luperca, había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, por ello en cuyo honor se hacía la fiesta.
De acuerdo al pasaje narrado por Tácito, el recorrido no era un acto serio; los propios lupercales, animados por el público, convertían el paseo en una carnavalada entre gritos, cantos y bailes que llegaban a ser obscenos. Con el paso de los siglos, el papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494 de nuestra era, la celebración pagana de las lupercales y cristianizó esta festividad, la cual sustituyó por la fiesta de la Purificación, que se celebra el 2 de febrero.
Al paso de los siglos la tradición de la purificación tuvo gran impacto en Oriente con el nombre del “Encuentro”, posterior se difundió en Occidente en el siglo VI teniendo gran aceptación en Roma y en Jerusalén, en donde se celebra con una procesión con velas encendidas hasta el santo sepulcro. Entre los siglos XIV y XV tuvo gran relevancia la veneración a la Virgen de la Candelaria en las islas Canarias España cuya cultura y religión transmitieron en América, en Nueva España; el cual dio origen a un sincretismo cultural entre la tradición católica y las culturas mesoamericanas.
Los mexicas celebraban el principio del Atlcahualo -inicio de temporada de siembras a principios del mes de febrero. En esta fiesta se llevaba a “bendecir” el maíz que luego se sembraría como tributo a los dioses Tláloc y Chachitlicuetl con el fin de obtener buenas cosechas. En las antiguas tradiciones de las culturas mesoamericanas, se ofrecían tamales en las fiestas que conmemoraban a los dioses de cada uno de los 18 meses del año náhuatl, de acuerdo a lo registrado por Fray Bernardino de Sahagún.
Derivado del sincretismo cultural y la evangelización de las naciones indígenas, en la época del virreinato, se volvió costumbre en lugar de bendecir el maíz comer tamales, como si celebráramos a Tláloc y a Chachitlicuetl, en sintonía calendárica cuando se cumplen 40 días después del nacimiento del niño Jesús y su presentación en el templo, aunque en algunas comunidades de México se continúan bendiciendo las semillas el día de la candelaria en las iglesias para obtener una buena cosecha. Sin importar los ingredientes, los tamales y atoles siempre llevan maíz considerado elemento sagrado en las culturas mesoamericanas por su conexión con la tierra y la fertilidad y lo consumimos en los tamales y atoles de diferentes sabores.
Por último la tradición de vestir y levantar al niño dios, tiene sus orígenes en el periodo novohispano en los conventos monjiles, quienes las monjas realizaban exquisitas prendas para arropar con ricos ajuares al niño Jesús y los presentaban en la misa del 2 de febrero, esta tradición tuvo impacto entre los laicos feligreses y comenzaron a replicarlo; pero no fue hasta el siglo XX que en México se popularizó esta tradición llegando a contar con centenares de temáticas para vestir la imagen del niño dios, algunos tan polémicos y condenados por la iglesia como “el niño huachicolero o vestirlo con algún uniforme de un equipo de futbol”.
En conclusión, la fiesta de la candelaria es una festividad religiosa, de sincretismo cultural entre Europa y América, que posee una rica simbología, significado, iconografía e historia. Una festividad de gran arraigo mexicano que nos da identidad, no solo religioso sino en la cultura gastronómica, el folclor y el significado de unidad comunitaria y familiar. Candelaria luz para alumbrar a las naciones de esperanza.





